Io

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domingo, 31 de mayo de 2020

Me ha besado una mariposa.

Sábado noche. Gente, bullicio, calor en los bares, humo, un B aileys de sabor especial, acompañamientos a casa, y la soledad hasta mi propio hogar.

Un trocito, apenas 500 metros. Aire frío... Siento la tentación de desabrochar por completo la camisa. No hay nadie, no hay vergüenzas. Procedo. Incluso la retiro hacia atrás, mostrando desafiante mis hombros al mundo. La sensación es mágica...

Me acerco a un túnel sobre el que pasa la vía del tren. Mi mente tortuosa vuelve a repetirme la escena: una mano juguetona en mi pecho, perdiéndose entre el vello, una boca que sube desde la raíz del cuello hasta la oreja izquierda...

Algo me interrumpe. A pocos pasos veo una forma acercándose, una mariposa, parece. Es muy grande, tal vez 6 ó 7 centímetros de envergadura. Vuela, como todas, agitando furiosamente las delicadas alas y en direcciones variopintas; pero hacia mí. Me desplazo a la izquierda para no interrumpir al insecto. A pesar de la oscuridad del túnel distingo un tono marrón en las alas. No quisiera destrozar semejante obra de arte.

Pero fue inevitable. Los giros festivos de la mariposa le guiaron hasta mí, y se estrelló, con asombrosa precisión, contra mis labios. Me ha besado una mariposa.


Continúa su vuelo y yo mi camino, con una sonrisa nueva.



Damas, caballeros, me voy a la cama. Propicios días.

viernes, 15 de febrero de 2019

Era como si hubiera dejado de ser yo mismo.

No sé si lo que sientes tu, es lo mismo. Esa incomodidad la experimentamos todos.
Pero, creo que debes decidirlo tu misma.El amor, los sueños, la familia... los sentimientos mas fuertes van acompañados de dolor.

Pero yo creo que encontrar esa incomodidad es un tesoro.
Creo que por ahora puedes hacerle caso a tu corazón. Así tal vez consigas ponerle nombre a lo que sientes.

Nota mental: Tus ojos ven a través del mal y tus labios pronuncia la verdad, tu corazón se alimenta de justicia y tu espada acabará con el mal...

lunes, 16 de julio de 2018

No puedo pensar en que momento mi vida se torció tanto.

El momento en que quien era  y quien soy ahora se dividió tan terriblemente. El momento en que me perdí. El momento en que olvidé quien era.
Pero mi visión se está aclarando.
El cazador aprende la lección temprana. Seguir las señales sin perderte, y si te pierdes, debes parar. Parar. Considerar. Entonces volver sobre tus pasos con cuidado. Encontrar donde empezaste a perderte. Encontrar la fuente del engaño.
Como detectar la grieta en una ánfora o escuchar una nota errónea en una melodía...y ahora no puedo dejar de ver los defectos en el mundo que me rodea. La historia sigue cambiado. 
El dios de la guerra es bienvenido al olimpo, o el olimpo se esfuerza por matar al pretendiente.

Cuando se enfrenta a una mentira hay tres opciones...
Admisión, y por lo tanto, honestidad. Perpetuación, y por lo tanto, un engaño débil.

U hostilidad, el hijo del miedo. Esta mentira tiene miedo. Esta mentira me tiene miedo.
Tiene que tenerlo


Nota mental: no en vano, la historia sigue cambiando.

lunes, 12 de marzo de 2018

La rebelión de Atlas

Si viese usted a Atlas, el gigante que sostiene al mundo sobre sus hombros, si usted viese que él estuviese de pie, con la sangre latiendo en su pecho, con sus rodillas doblándose, con sus brazos temblando, pero todavía intentando mantener al mundo en lo alto con sus últimas fuerzas, y cuanto mayor sea su esfuerzo, mayor es el peso que el mundo carga sobre sus hombros, ¿qué le diría usted que hiciese?

Que se rebele.

viernes, 6 de enero de 2017

Leonardino, el cuervo, se presenta.


En el sitio más encumbrado del macizo promontorio que separa Verona de Trento... sobre el último peñón que destaca del collar de morros que corona la cima del monte Veldo, tan quieto como la roca donde se posaba... el perfil de un cuervo se recortaba contra el confín crepuscular, cuyo epicentro dorado no parecía venir del sol -aun virtual-, sino de la misma dorada Venecia.
Como si el fundamente de aquella bóveda de luz fuera el de las remotas cúpulas bizantinas de la catedral de San Marco.
Era el crepúsculo que antecede al día...
El cuervo estaba esperando.
Tenía paciencia...
Y tenia, como siempre, un hambre voraz pero no perentoria.
Su dominio era toda Venecia y, más allá, Vicenza, y también la Venecia Julia.
Pero su paradero estaba en Padua

Abajo todo se hallaba dispuesto para la fiesta de San Teodorico...la “Festa di Tori”.
Después del mediodía, la multitud...entre trago y trago, habría de manear 5 o 6 bueyes que...uno a uno y tomados de las astas por otras mujeres, serían degollados de un único y exacto golpe de sable.
Se diría que el cuervo sabía que así habría ser. Olía por anticipado el olor que más le gustaba.
Pero sabía también, que, con fortuna apenas si podría rapiñar una miserable tripa o un ojo, que tendría que disputar a los perros.
No valía la pena ni el viaje ni el riesgo, ni el esfuerzo.

Aun no se había movido.
Tenía la paciencia de los cuervos.
Hubiera podido esperar a que los autómatas de la torre del reloj golpearan la última campanada cuando como todas las mañanas, desde el canal grande apareciera la barcaza publica que pasaba a recoger los cadáveres del hospital hasta la isla del cementerio.
Pero tampoco valdría la pena, con suerte podría arrebatar un jirón de carne mala, demasiado magra y ya diezmada por la peste.

Giró sobre sus patas y miro hacia el lado opuesto-el este-, donde estaba su morada.
Allí estaba su amo.

Entonces remontó vuelo a Padua...

jueves, 22 de diciembre de 2016

El amor es muy puto.

“El amor es muy puto", leyó una y otra vez, tratando de asimilar cada palabra y de comprenderla cabalmente. 
 Claro, se dijo, muy puto. 
 No le gustaban las malas palabras, pero tenía que admitir que no existía sinónimo en el castellano moderno para esa expresión soez. 
 Podía decirse que el amor era resbaladizo, egoísta, maldito, cambiante, caprichoso y hasta perverso.
Pero aun así nada definía tanto el hondo carácter del amor como la palabra puto, que no aludía a la prostitución ni a la homosexualidad, sino al filo inestable de un sentimiento que no aceptaba reglas, chantajes ni definiciones.



Jorge Fernández 

lunes, 19 de diciembre de 2016

Recuerdos de la medianoche.

El trayecto a la casa de veraneo le significó una hora de tiempo y veinte años de recuerdos. Tenía tantas cosas para pensar, tanto que recordar. 
Costa, joven y buen mozo, diciendo: Te han enviado de los cielos para enseñarnos a los mortales lo que es la belleza. Imposible elogiarte demasiado. Cualquier cosa que yo diga no te haría justicia... 
Los viajes maravillosos en su yate y las idílicas vacaciones en Psara... Las veces en que de día le llegaban regalos de sorpresa, y de noche hacían el amor desenfrenadamente. 
Después, el aborto espontáneo, las numerosas amantes, el asunto de Noelle Page. Las palizas y las humillaciones en público. 
¡Monnareemou! No tienes nada por qué vivir, había dicho. ¿Por qué no te matas? 
Y por último, la amenaza de aniquilar a Spyros. Eso fue lo que a Melina le resultó imposible de soportar. Llegó a la casa de la playa, que se hallaba desierta. El cielo estaba nublado, y un viento frío soplaba desde el mar. Un presagio, pensó. 
Entró en la casa cómoda y simpática, y paseó la mirada alrededor por última vez. Después empezó a tirar los muebles y destrozar lámparas. Hizo jirones un vestido suyo y lo dejó caer al piso, Colocó la tarjeta de la agencia de detectives sobre una mesa. Levantó la alfombra y escondió debajo el botón dorado. Luego se arrancó el reloj que le había regalado Costa y lo golpeó contra la mesa. Tomó el pantalón de baño del marido que había traído desde su casa y lo llevó a la playa. Lo mojó en el agua y regresó. Por último, quedaba una sola cosa por hacer. Ya es hora, se dijo. Respiró hondo, tomó el cuchillo de carnicero y lo desenvolvió lentamente para no romper el papel de seda en que traía envuelto el mango. Ése era el momento crucial. Tenía que clavarse el cuchillo lo suficientemente hondo como para que pareciera un homicidio, y al mismo tiempo tener fuerzas como para llevar a cabo la última parte del plan. Cerró los ojos y se lo clavó hondo, en el costado. Le dolió inmensamente y empezó a manar la sangre. Sostuvo el pantalón de baño húmedo contra la herida, y cuando estuvo bien manchado, lo guardó en el fondo de un placard. Empezaba a sentirse mareada. Miró en derredor para asegurarse de que no se había olvidado de nada; luego caminó a los tumbos hasta la puerta que daba al mar, dejando un reguero de manchas rojas en la alfombra. Avanzó en dirección al mar. La herida sangraba profusamente. 
Pensó: No voy a poder hacerlo. Costa va a ganar. No debo permitírselo. 
El trayecto le resultó interminable. Un paso más, un paso más... Siguió caminando, luchando contra el mareo que la dominaba. La vista comenzaba a nublársele. Cayó de rodillas. No debo detenerme ahora. Se levantó y continuó, hasta que sintió el agua fría en los pies. Cuando el agua salobre le llegó a la herida, dio un grito de dolor. Lo hago por Spyros, pensó. Mi hermano querido. 
Alcanzó a divisar a lo lejos una nube baja, sobre el horizonte, y comenzó a nadar hacia allá, dejando una estela de sangre. Entonces sucedió un milagro. La nube bajó hasta ella, y pudo 
sentir la blanca suavidad que la envolvía, la acariciaba. Ya no experimentaba dolor sino una maravillosa sensación de paz. 
Voy a casa, pensó, feliz. Por fin vuelvo a casa. 





(Sidney Sheldon)